Valle del Lunarejo: un nombre que nació entre quebradas, animales y memoria
Actualizado: 27 ago

Introducción
Hay nombres de lugares que parecen describir exactamente aquello que tenemos delante, otros, en cambio, despiertan preguntas; Lunarejo es uno de ellos. La palabra puede hacernos pensar inmediatamente en la Luna, en manchas, en marcas sobre una superficie. Pero cuando aparece asociada a un valle del norte de Rivera, la pregunta cambia:
¿por qué este lugar se llama Lunarejo?
La respuesta no es completamente segura. Como sucede con muchos nombres del territorio uruguayo, alrededor de su origen sobreviven distintas versiones, transmitidas de generación en generación y quizá eso sea parte de su riqueza; porque detrás de un nombre no siempre encontramos una fecha, un decreto o un documento. A veces encontramos una historia contada, repetida y transformada con el tiempo.
En el caso del Valle del Lunarejo, esa historia nos lleva hasta un caballo, una quebrada y una marca que terminó convirtiéndose en nombre de un territorio.
Clave de lectura
Para comprender el nombre Lunarejo, primero hay que mirar el paisaje donde aparece. El Valle se encuentra en el noroeste del departamento de Rivera, dentro de la región conocida como Quebradas del Norte. Allí, los cursos de agua fueron erosionando la roca basáltica y formando un paisaje de quebradas profundas, pendientes pronunciadas, paredones, cuevas, saltos de agua y una vegetación particularmente abundante.
No estamos, entonces, ante un paisaje uniforme; es un territorio de contrastes: cimas relativamente aplanadas, valles estrechos, monte nativo, agua y roca. Y en ese paisaje, los nombres no solamente sirven para ubicar un lugar, también pueden contar cómo las personas lo reconocieron, lo recorrieron y lo incorporaron a su memoria.
Origen
Una de las versiones más conocidas sobre el origen del nombre cuenta que, a comienzos del siglo XX, un vecino de la zona tenía un caballo famoso por un gran lunar en la frente. El equino tenía además una particularidad: solía alejarse por su cuenta hacia la zona de las quebradas.
Cuando su dueño salía a buscarlo y finalmente lo divisaba a la distancia, lo llamaba por su nombre. Con el tiempo, aquella referencia habría quedado asociada al lugar. El caballo era el Lunarejo y el territorio donde solía internarse pasó a ser conocido como Valle del Lunarejo.
No sabemos cuánto de esta historia puede comprobarse documentalmente, pero eso no significa que carezca de valor. Las tradiciones orales también forman parte de la historia de un territorio, especialmente cuando permiten entender cómo las comunidades nombraron los espacios que habitaban.
Además, existen otras versiones. Algunas tradiciones relacionan el nombre con personas que tenían un lunar o una marca característica, mientras que otras lo vinculan con las manchas o características visuales que pueden observarse en determinados sectores del paisaje.
Lo interesante es que todas esas explicaciones tienen algo en común: una marca. Un rasgo que permite reconocer algo entre muchas otras cosas.
Transformaciones
El nombre no quedó asociado solamente a un valle. Lunarejo también identifica al arroyo que atraviesa la zona y que desemboca en el río Tacuarembó. Su cuenca se encuentra vinculada al sistema de las cuchillas y quebradas que caracteriza esta región del norte uruguayo.
Con el paso del tiempo, el territorio fue adquiriendo nuevas referencias y nuevos nombres. Uno de ellos fue Masoller, vinculado a la familia y al establecimiento comercial de Francisco Masoller. La actividad de aquel comercio convirtió el apellido en una referencia territorial importante, hasta el punto de que la denominación Lunarejo perdió presencia en algunos contextos locales.
Pero el nombre sobrevivió y terminó adquiriendo una nueva dimensión en tiempos más recientes, cuando el paisaje comenzó a ser reconocido no solamente por quienes vivían o trabajaban allí, sino también por visitantes interesados en su naturaleza y su patrimonio.
En 2009, el área ingresó formalmente al Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP), bajo la categoría de Paisaje Protegido. Así, un nombre nacido —según una de las tradiciones— de una característica de un animal terminó identificando uno de los paisajes naturales más singulares del Uruguay.
Huellas actuales
Hoy, cuando hablamos del Valle del Lunarejo, pensamos en mucho más que en el origen de una palabra, pensamos en un paisaje de quebradas y cursos de agua, en monte nativo, pastizales y una gran diversidad de ambientes.
La región funciona además como un corredor para especies de flora y fauna provenientes del sur de Brasil, lo que contribuye a explicar parte de su particular biodiversidad. Pero también existen otras huellas.
Las personas continúan habitando, trabajando y desarrollando actividades en el territorio. Hay emprendimientos rurales y turísticos, antiguos comercios, caminos, construcciones y relatos que forman parte de una historia que no desapareció cuando el área comenzó a ser reconocida como paisaje protegido.
Incluso las actividades que actualmente se desarrollan allí —senderismo, observación de flora y fauna, cabalgatas, astroturismo, gastronomía y diferentes experiencias vinculadas al territorio— muestran que el Lunarejo sigue siendo un espacio donde naturaleza y sociedad se encuentran.
Interpretación
Quizás lo más interesante del nombre Lunarejo no sea descubrir una única respuesta definitiva, sino preguntarnos qué hace que un territorio sea reconocible para quienes lo habitan.
Un lunar es una marca, algo pequeño que permite distinguir. Un caballo con una marca particular podía ser reconocido entre otros animales. Y, según la tradición, esa característica terminó convirtiéndose en una referencia para identificar un espacio del territorio.
Esto nos muestra algo importante sobre los nombres geográficos: antes de aparecer en mapas, muchos lugares fueron reconocidos mediante historias.
Un cerro podía llevar el nombre de una persona.
Un arroyo podía quedar asociado a un animal.
Un paso podía recordar una actividad.
Una quebrada podía conservar una historia.
Los nombres son, en ese sentido, una especie de archivo cotidiano del territorio y el Lunarejo nos recuerda que ese archivo no siempre está escrito, a veces se conserva en la memoria de quienes cuentan una historia.
Cierre
Cuando escuchamos Valle del Lunarejo, probablemente pensamos primero en sus quebradas, sus cerros, sus arroyos y su monte, pero detrás de ese nombre existe otra manera de acercarse al lugar.
Podemos imaginar aquel caballo con un gran lunar en la frente, internándose entre las quebradas y regresando una y otra vez a formar parte de la memoria de quienes vivían allí.
Quizás nunca sepamos con absoluta certeza si esa fue la verdadera historia, pero sí sabemos algo: los territorios también se construyen con las historias que las personas cuentan sobre ellos y algunas de esas historias terminan quedándose para siempre en el mapa. Lunarejo es una de ellas.
Nivel de lectura: 🟡 Intermedio
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